Ciertamente poco puedo decir de conocimientos estadísticos, pero de sentimientos y sentimentalismos sí que puedo dar mi opinión. Escuchar que México será la doceava potencia mundial para cuando llegue el 2015, para luego caer petrificado por las estadísticas del nivel de lectura de México en el mundo, es un golpe fuerte que sólo reconocerán aquellos que se han dejado influenciar alguna vez por un buen libro. Escuchar en las noticias, las conjeturas sobre el desarrollo económico de México, y de cómo éste logra cada vez más llenar el abismo de separación entre los países desarrollados y los subdesarrollados, es una alegría momentánea, que no sólo se ve opaca por la escases de lectores en el país, sino que se vuelve una imposibilidad que ni la fe puede mantener como posible. ¿A qué me refiero? Sencillo. México necesita más que una buena tasa de inflación o un buen año en la bolsa para sacar adelante a una población tan numerosa como la de nuestro país. Necesita gente culta que le dé al país el empujón inmenso que necesita, necesita que los extranjeros vean reflejada en los pobladores la representación de la fortaleza de un país como éste. En mi opinión, necesitan mejorar su nivel intelectual… su nivel de lectores. La lectura abre la posibilidad de la adquisición de conocimiento, la sabiduría, la inventiva, la creatividad, la diversidad de mente, e incluso, te permite quejarte con fundamentos del sistema, a modo de poder ofrecer soluciones y cambios. Yo, realmente, me veo influenciada subjetivamente por la idea de la lectura. Crecí en compañía de la lectura. Tengo como prueba, una foto a color de mí al año de nacida, en la que recargo un periódico en la andadera y, aun con el periódico al revés, pretendo darle una leída. Ya hablando seriamente, como mayor prueba, puedo hablar de las largas horas intentando comprender tomos y tomos de libros de historia, única literatura existente en los estantes bajos de la biblioteca familiar, que leí bajo no sé qué esperanza de encontrar alguna cosa que me llamara el interés. Luego, al descubrir que alguien más podría bajar por mí, los tomos de arriba del estante, solicité que me proporcionarán los litros de literatura que necesitaba para satisfacer mi sed. Efectivamente, se volvió una parte primordial de mi vida. Quizá esto no pueda entenderlo la gente que no se para por un libro ni cuando se les obliga a leerlo – “mejor veo la película, es lo mismo… pero más barato”-. Aquellos que, ni por error, se han dejado cautivar por las palabras de una triste Ana Frank, o las metáforas de un buen poema, aquellos que cuando les dices “Abajo las armas” piensan en un programa de dieta (para más referencia, preguntarle a Barbra Straissand) o que creen que la película en la pantalla nada tiene que ver con una historia que ya había contado un escritor. Todos ellos, seguramente replicaran al leer esto, porque en su mundo, la lectura de un buen libro representa sentarse para aburrirse durante unos minutos… y digo minutos porque, ciertamente, no le dan oportunidad al libro de abrir sus alas y llevarte con él volando por los montes de siglos de inspiración, de tormentas – ya no lluvia- de ideas, y cascadas de emociones. Tal vez ahí se encuentre el problema principal del libro, el enemigo que no permite que la lectura se vuelva parte de nuestra vida, y dejemos de lado ese “Un libro al año en todo México” que resulta una total humillación; no le damos oportunidad al libro. En alguna campaña publicitaria escuché el lema: “El secreto del libro, está en abrirlo” pero quizá también esté en llevar a la gente al libro. Podría ser que, en la misma inhabilidad de los lectores para poder describir el gozo de la lectura, se encuentre el desgano por intentarla siquiera. México necesita detener ya la recesión cultural en la que se encuentra, necesita alcanzar a los grandes países desarrollados, para que, cuando se coloque como una nueva potencia, la gente reconozca que México les ha dado alcance de todo a todo. Necesitamos derrocar a Estados Unidos con su expansionismo hacia México, informándonos realmente y expresando nuestra opinión con las teorías y fundamentos adecuados para ser tomados en cuenta. Necesitamos superar a Canadá con sus 15 libros al año, para ver si nuestros inmigrantes en aquel país se regresan a México a cooperar con el país, que en dado caso, ya no tendrá a la gente desempleada, o al menos no en las altas cantidades de hoy en día. Necesitamos dar al hombre el conocimiento previo que le hará darse cuenta de que, aquel discurso político, ya se ha repetido, y de que, quizá todo mejore, si tomo alguna idea, de un buen libro.
La lectura, solución y progreso. Miércoles, may 12 2010
Críticas y comentarios and Opiniones 2:18 am
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