Impulso compugnido Viernes, mar 26 2010 

Su imagen llevaba gran parte de la mañana rondándole la mente. Su cabello, – rojo como manzana oscurecida entre las sombras del árbol que le da vida,-   le brillaba al interponerse a la luz, los grandes ojos almendrados, brillantes e ingenuos como los de una niña, la boca grande y carnuda, perfecta y llamativa, y que era  la mejor parte de su atractivo.  El ovalo que constituía su rostro, siempre untado en maquillaje, y la piel casi perfecta de su cuello y hombros descubiertos que siempre olía a esencia de jabón  Maja.

    Sí, así era Denise. La orgullosa y caprichosa Denise Vargas.  ¿Qué haría ahora, semejante sirena furtiva, paseándose por las salas del aeropuerto de la Ciudad de México, luego de tantos años de haberse desvanecido en el aire como un fantasma?

    Antonio se puso de pie y cerró el celular que acababa de transmitirle semejante mensaje. El aviso de la llegada de aquella mujer no le traía alegría. Los recuerdos se aglomeraban en la banda transportadora, apresurados por reflejarse para él y recordarle todo, golpeándose entre ellos hasta que él los miró uno por uno y seleccionó, de entre todos, el peor de ellos para armarse de valor.

    Antonio se calzó los guantes de cuero, pues era pleno invierno y afuera la ciudad se helaba, se puso el saco y se quitó las gafas que había usado para leer el periódico matutino, como era su costumbre. Tomó las llaves de la puerta de entrada, se aseguró de cargar con la cartera y tomó el paraguas de su sitio para, finalmente, salir.

    Odiaba el calentamiento global y su estúpido efecto sobre el clima. Odiaba cargar con un paraguas en pleno diciembre a causa de la lluvia fría y pesada que caía por la ciudad aquellos días.  Odiaba tener que tomarse tantas molestias por una mujer que no veía hacia más de seis años, pero de cualquier forma, cerró la puerta de su casa, bajó las escaleras hasta la acera y abrió el paraguas negro para cubrirse del agua.

     La joven vecina de al lado se empeñaba en abrir su puerta atascada, rodeada toda ella de bolsas de compras y cajas,  con el enjuto y furibundo rostro enrojecido. Antonio se rió de ella y la saludó de pasada, recordando la última vez que por querer ser amable, ella lo había acusado de aprovechado.

Muy seguramente ahora, ella desearía que él le echara una manita, pero él se siguió de largo hasta llegar a la esquina, sin siquiera mirarla por el rabillo del ojo, o prestar atención a su voz para ver si lo llamaba.

      Una vez ahí, hizo ademán de detener un taxi que venía por la avenida, esperó a que el taxi se detuviera frente a él y a que el chofer bajara la ventanilla.

    -¿A dónde quiere ir? –gritó el hombre gordinflón desde el interior del auto.

    -Al aeropuerto –respondió Antonio y subió al taxi cerrando el paraguas.

    Casi de inmediato arrancó el taxi, y mientras las llantas del desvencijado bocho verde transcurrían la Avenida Tres, Antonio permanecía en silencio mirando la soledad de la acera, y las luces navideñas reflejándose en los mugrientos charcos.

    -Mala mañana ha escogido para salir de viaje, señor. –dijo el taxista intentando hacer platica, pero Antonio siguió mirando la calle, ignorando al hombre por otras veinte cuadras más.

   -O ¿Va a recoger a algún familiar para pasar las fiestas? –intentó de nuevo el taxista.

   -De vuelta en Boulevard Puerto Aéreo, por favor. –

   El taxista obedeció malhumorado, murmurando entre siseos, que no necesitaba que le dijeran como hacer su trabajo. Cuando por fin llegaron a la entrada del aeropuerto, el taxista y Antonio se sintieron agradecidos de haber terminado el “paseo”.

    Antonio se apresuró a bajar del auto y azotar la puerta.  Se paró justo al lado de la ventana del taxista y preguntó cuánto debía.

    -Lo que marca el taxímetro, más lo que quiera de propina. – Antonio miró el aparatillo. En la mira,  en color rojo, un $47.60 brillaba insultando la lógica de quince minutos de viaje. Sacó de la cartera un billete de cincuenta, con la cara de Morelos doblada de forma dispareja. Lo arrojó a las piernas del taxista y se giró para entrar al aeropuerto.

    Cuando las puertas automáticas se abrieron para dejarlo pasar, Antonio supo que ella había ganado de nuevo. Que ese juego de tentar y huir que mantenían entre los dos desde hacía ya doce años, era un juego que él nunca ganaba. ¿Por qué si no, él estaba ahí? ¿Qué extraña clase de estúpido masoquista era él, que siempre acudía cuando ella llamaba para decir que una nueva partida empezaba? ¿Qué tonto colocaba su pieza más valiosa al alcance del peón más absurdo en el tablero de ajedrez? ¡Un tonto que no podía ser él!

    Antonio dio media vuelta para retirarse a leer la mitad de su, todavía olvidado periódico matutino, cuando la voz del marido de Denise lo llamó desde atrás.

    -Oye, Tony, ¡llegaste! Denise estaba preocupada de no verte por aquí. –El rostro de Marcos Vargas estaba radiante y sonriente. Sus ojos, casi juntos, liberaban un fulgor que le resultaba amenazante a su antiquísimo amigo, las mejillas elásticas se coloreaban con la efusividad de las de un pequeño, y los dientes enormes y perlados aparecían en la enorme sonrisa, con apariencia de colmillos filosos.

     -No podría haber faltado. –Confesó. Se abrazaron golpeándose las espaldas, y juntos, con sentimientos diferentes, pero un mismo motivo, comenzaron a buscarla.

     Gabriela Alcalá Cuevas.

 

Un poco de loco…. xD Miércoles, mar 24 2010 

   -Justamente hoy, dan ganas de no hacer nada más que mirar algo hasta el cansancio.- dijo el hombre con la mirada, pérdida en la lejanía, atravesando la ventana hasta perderse entre el gentío.

  -Si fuera tan fácil esconderse, no sé, entre las sombras, ¿qué mirarías?-El otro hombre se acomodó los anteojos y observó al otro a través de ellos, preparado para tomar notas en la tabla con hojas que recargaba sobre su rodilla. El primer sujeto pareció pensárselo un tiempo, hasta que finalmente habló.

  -No planeo decírtelo.- Se burló. – Al menos no así de fácil.-

  -Está bien, te propongo un trato; tú describes lo que ves y yo trataré de adivinarlo. Si al final no he adivinado, tienes mi permiso para abandonar la sesión.- El otro hombre asintió de inmediato, y apresurado, observó y observó, hasta encontrar lo que deseaba describir.

  Finalmente se aclaró la garganta, se giró a mirar a su interlocutor, y comenzó su pequeño trato:

  -Hay unos desesperados corriendo constantemente, adelantando su paso a los demás, como si quisieran ganar alguna competencia. Generalmente es muy molesto toparse con uno de ellos, ya que siempre te provocan la necesidad de ir más rápido.

  Están también los contrarios a éstos, a quienes podemos llamar enamorados, ya que le quitan minutos al día, e incluso horas, con tal de que el tiempo sea más largo para ellos.  

  Allá hay, también, unos cuantos impotentes, que por más cuerda que les des, jamás sirven por mucho.

  Y para rematar, y poder retirarme, puedo hablarle a usted de los engreídos, que se revisten de oro y piel y aún así, a veces, son incluso más inútiles que otros.

  El hombre esperó un momento mientras su adivinador interpretaba los datos.

  -Entonces, ¿Cuál es el veredicto?-

  -Pues… ¿acaso son hombres?

  -No, ¡son relojes!-

Gabriela Alcalá Cuevas.

Divagación sin pausa Miércoles, mar 24 2010 

  Decidir que la vida no tenga que ser solo publicidad sino realidad verdad esencia el sentido la autoridad la creatividad la sincronía la perfección la afectación poesía melodrama sensación… ( )… decidir que borrarás todo hasta el último papel de la carpeta con tal de librarte del virus que significa la mediocridad y empezar de nuevo para no ser solo una persona mediocre a quien la gente usará de ejemplo solo para mencionar “lo que no debe ser” diciendo cosas similares a: recuerdas a (inserte el nombre) …que vergüenza debió haber sido conocido de ella.

Descontrol Viernes, mar 19 2010 

   ¿Qué puede decir el ciego de lo que no ve? Sólo una simple impresión es lo que puede decir acerca del mirar, Una vaga imagen de algo que no conoce.

Yo no conozco tu corazón, ni siquiera conozco el mío. Dando vueltas por las sombras de sus arterias, imagino que algún día llegaré a su fin y me sabré victoriosa, me sabré digna ganadora, porqué lo habré recorrido por completo y tendré el control sobre él.

La deriva de mis sentimientos, tiende a preocuparme mucho. Me aterra, me aturde. La mísera idea de que me vuelva vulnerable me hace temblar. Mientras tanto correré a través haciendo zigzag, huyendo hasta que tenga el control para darte la cara.

Who I am? Jueves, mar 4 2010 

¡¡¿Quién soy yo?!! No he dejado de pensar en eso, y sé que no puedo entenderte por completo, sólo sé que deseo lo mejor para ti y que cuentas conmigo todo el tiempo.

Chile. Martes, mar 2 2010 

         Chile se estremece, sus estructuras se tambalean y las casas escupen los años a través de las lágrimas de sus ocupantes. Las memorias son inevitables, se remontan a Mayo de 1960, a aquel día que ahora se refleja en las conciencias de tantos niños que no habían ni siquiera oído hablar de él.

   Las calles se desplazan lento bajo los pies de sus paseantes, que miran las murallas de recuerdos sangrantes. Las cámaras que intentan grabar sufrimientos, amarillistas sin sentido con voces de noticiero, cámaras que se olvidan de grabar lo más importante; las manos unidas de chilenos y oriundos de tierras extrañas, que levantan nuevos cimientos.  

Ten fuerza Chile, saca valor, porque no hay un solo número en la escala de Richter que alcance a sobrepasar tu fortaleza.

   Ten fe en la voz de tu hermano, el que siente la pesadumbre de las cenizas de las que se alzaran como aves fénix. Sigue luchando por elevar ese espíritu de guerrero y no te dejes intimidar por este nuevo obstáculo.

 

Fuerza Chile, estamos contigo.

Inútil Lunes, mar 1 2010 

Inútil

Mi vida será eterna;

triste mortalidad incompleta,

Muerte que no llegará a cernirse sobre mí

pues uno no muere sin haber

cumplido un objetivo.

 

Soy como el polvo que no

se posa sobre los objetos que desea cubrir.

Soy aquel árbol seco,

el de las ramas marchitas,

aquel que lleva el invierno pegado

en  el abril de su vida.

 

Me he perdido en el existir

como agua que persigue el mar

y  siempre se evapora antes de tocar la arena.

Mi mente ebulle en ideas que no hablan

en labios que no piensan

en brazos que no tocan más que el negro.

Choco contra un muro

y me ataco al espejo de la vida.

 

Las estaciones vuelan,

pasan con el cruel calendario

desechando las sobras del pasado,

reflejando la perene nada de mi existencia.

 

¡Ay de mi y la nimiedad de mi ser!

La ausencia continua a la realidad,

caeré de mi nube hacia la vorágine

y su totalidad me absorberá

hasta silenciar la brisa de mi caminar. 

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